Boltha estaba sentado en una silla, mirando a través de una ventana a los fríos páramos de Shiro IV. Lo había conquistado, era suyo. Suyo y de sus hombres. Tristes guerreros de la casta de fuego que dan sus vidas por un ideal, por el bien supremo. Se había estado preguntando el porqué de tanta matanza, su papel en ella.
El recuerdo de Aun' Phi le venía a la cabeza de forma continua. Su amigo habia sido asesinado por el ideal que tantos otros han defendido hasta la muerte. Él no sentía tanta simpatía por el bien supremo. Se habia ganado el puesto gracias a su profesionalidad, no a sus ideas. Y estaba orgulloso de ello. Su trabajo era derrotar al enemigo, sin pensar más allá.
Esta vez sentía que su enemigo era algo más que un igual en el bando contrario. No se trataba de un general imperial, se trataba de Caballeros Grises. No sabía de su existencia hasta que le destrozaron el cuerpo. Ahora Sobrevivía gracias a la tecnología de su raza.
Apretó su nuevo puño de metal y se alzó de la silla.
No tenía ni la más remota idea de lo que pretendían esos fanáticos humanos, pero Shiro IV es y será siempre Tau. Esta vez no lucharía para derrotar al enemigo. Lucharía por sus hombres, y por Aun' Phi.
Shiro IV no era un planeta cualquiera. Era la tumba de sus compañeros, y la defendería hasta que no quede nada de él.
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